


Desde amenazadoras calaveras e imágenes “diabólicas” hasta tiernas mariposas y delfines, la piel humana da para todo cuando se trata de utilizarla como lienzo para un artista.
Gracias a la difusión de este arte en programas televisivos como Miami Ink y a que la regulación sanitaria de su uso ofrece mayor seguridad, la imagen de que sólo gente fuera de la ley o de malas costumbres se tatúa se está diluyendo, llevando una clientela cada vez más diversa a las tiendas de tatuaje.
Es que la idea de poner un diseño definitivo en la epidermis ya no asusta tanto como cuando el tatuaje se utilizaba para marcar a los delincuentes en el antiguo Japón. Ahora, aunque no es un símbolo de estatus, como entre los maoríes, sí se usa el tatuaje con un significado mayor que el meramente decorativo.
Pablo “Tattoo” Quilamán, de Kilaman tattoo studio art, en el Caracol, destaca que cada vez son más los que se tatúan “para simbolizar algo, etapas de su vida, el rostro o el nombre de su hijo o de sus padres. También para disimular una cicatriz. La mayoría le otorga un simbolismo especial a su tatuaje. Los que han perdido un ser querido tratan de justificar ese cariño con un tatuaje”, cuenta.
Es que el tatuaje puede llevar consigo toda una filosofía de la vida, especialmente cuando la persona llega a un punto en el que necesita marcar un hito en su historia. Entonces suele elegir una imaen de especial significado sentimental que le ayude a designar ese momento. Quilamán agrega un ejemplo: “me marcó un tatuaje que le hice a un caballero de 60 años que estaba en una nueva etapa de su vida. Me dijo que había cumplido con estudiar, trabajar, educar a sus hijos y se había jubilado hacía dos semanas. En su trabajo no podía usar tatuajes así es que ahora era como una liberación, se hizo unas estrellas en el brazo”.
Gustavo Ríos, del Imperio del Tatuaje (Freire entre Colo Colo y Castellón) coloca a sus tatuajes en dos categorías: de fantasía y medicinales.
“Los de fantasía son simplemente por el gusto de hacerse un adorno, no tienen más significado que eso. Los medicinales tienen un sentido de curación, la gente los pide para tapar estrías, arreglar tatuajes malos o cubrir cicatrices de operaciones o quemaduras. He tenido varias experiencias bien fuertes en ese sentido. Por ejemplo tatué a una mujer de 50 años que tenía una cicatriz de una cirugía muy fea, como un costurón, tanto que no dejaba que su marido la viera. Luego del tatuaje me contó que se sentía otra, mucho más desinhibida”.
Mujeres sin susto
Aunque parezca que el tatuaje es cosa exclusiva de machos recios, la verdad es que son las mujeres quienes van a la cabeza en el gusto por este arte corporal. Según los tatuadores entrevistados alrededor de un 60% de sus clientes son chicas, quienes, además, se atreven a poner bajo la aguja las zonas “sexys” de su cuerpo, como el pecho, debajo del ombligo o las caderas. También se tatúan el maquillaje, como el contorno de los labios, las cejas o el delineado de los ojos.
En general, hombres y mujeres, quienes se tatúan son de todas las edades, predominando los jóvenes adultos y con la salvedad de que no se trabaja en menores de edad a no ser que lleguen con uno de sus padres para dar permiso.
Claro que a veces queda el bichito y ha sucedido, según cuenta Vicente Cifuentes, de “La locura”, en el Bulevar Gascón, que tras asistir a la sesión en que se tatuó su hija, llegue una mamá a pedir un tatuaje para ella. Cifuentes cuenta que hay distintos tatuajes como “oriental, Black and gray, full color, chicanos (la virgen, calaveras, etc.)”, Respecto a las tintas señala que se usan pigmentos vegetales y que en materia de sanidad hay que contar con permiso de Salud, tener un autoclave para esterilizar los materiales y utilizar agujas desechables. Gracias a estas y otras medidas que se están exigiendo en Chile se va eliminando la desconfianza y ahora, por ejemplo, la persona tatuada puede donar sangre después de seis meses de recibir su diseño, cosa que antes estaba prohibida ya que los materiales que se usaban eran malísimos (tinta de lápices, tinta china, el carbón de las pilas…).
Horas de tatuaje
La tarea de romper la piel con agujas e inyectar pigmentos en la dermis (la segunda capa de la piel) no es rápida. El tatuaje más simple puede llevar unos 40 minutos y el más complejo puede requerir sesiones de horas durante varios días. Luis Ulloa, el único tatuador entrevistado que no tiene un local en el centro (existen varios en esta situación), cuenta que hacer un diseño grande en la espalda puede requerir dos sesiones de cuatro horas cada uno, ya que se trata de trabajos con una gran cantidad de detalles y colores.
Es por ello que sostiene que el tatuaje sí es un arte. “Aunque te traigan el diseño hecho tu usas tus sentimientos y emociones al tatuar, también está el estilo, la atención al detalle. Además, cuando el diseño lo hace uno usa toda su creatividad y eso queda plasmado en la piel de alguien”.
Cuidados
Hacerse el tatuaje es sólo la primera parte. Una vez que la aguja ha terminado su trabajo es necesario, aseguran los artistas, cuidar la obra para que la piel cicatrice correctamente y los pigmentos -que pueden durar más de 20 años- no se diluyan.
Lo primero es mantener el tatuaje humectado por dos semanas, que es lo que demora la cicatrización, y sin exponerlo al sol ni a químicos como los de las piscinas o baños de tina prolongados. También hay que evitar la transpiración -propia o ajena- en la zona del diseño. Una vez curada la herida se debe evitar la exposición al sol, que aclara el tatuaje, así es que hay que cuidarlo aplicando bloqueador solar.
Para los arrepentidos hay dos opciones, una es hacer un “cover up”, un nuevo dibujo sobre el tatuaje, y otra es eliminarlo con varias sesiones de láser, lo que también se puede hacer en Concepción.
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